FUNDACIÓN DEL PRIMER NOVICIADO D.I.C

La formación inicial a la vida consagrada tiene para los candidatos y jóvenes los fines de “iniciarles en la vida religiosa” y de ayudar a realizar “su unidad de vida en Cristo por el Espíritu”.

Para la Contregación también fue una prioridad. Como la comunidad de jóvenes se hacía más grande la fundadora tuvo que pensar en otro sitio para el Noviciado, porque el local de la calle Montplaisir ya resultaba estrecho para las dos obras tan importantes, la obra con los ciegos y el noviciado. Madre Hedwige y madre Françoise se propusieron dar pasos concretos; era asunto inmediato y urgente, alquilar otro local. Lo buscaron afanosamente, hasta encontrar uno bastante cercano, a la orilla del canal. Lo arrendaron por 500 francos al año. Casa destartalada y en ruina, “el jardín semejaba una de las selvas vírgenes de América”. (M.H.P). 1879

“Para que Dios habite con nosotras, vivamos cada vez más y más la vida interior, y construyamos dentro de nosotras mismas un Tabernáculo, donde Jesús resida por su gracia y por su amor. Es éste el medio más seguro, para atraer sobre nuestro noviciado, las bendiciones del Cielo y para trabajar por el sólido acrecentamiento de nuestra Familia Religiosa”. M.H.P

Trabajaron afanosamente hasta dejarla lista (casa de noviciado). “El lunes 24 de abril de 1876, a las 6.30 de la tarde, nuestra bien amada Sor Françoise, salió de la Instituciòn con el noviciado para instalarse en la nueva casa, a la cual le dimos el nombre de “Nazaret”. Pronto tuvo capilla, con el sagrario, una pequeña estatua de nuestra Señora de Lourdes y no podía faltar San Josè, que era el ecónomo de la pequeña comunidad”. (M.H.P)

Francohise se preocupó de brindar a las jóvenes una formación que llegó a tocar sus corazones y a transformarlo realmente. “El camino se abrió por el cauce de la caridad: la preocupación de Madre Hedwige por las niñas ciegas, cuando culminen su educación en el Instituto. Entonces ¿què va a ser de ellas? El problema se resolvería, dice, “fundando una casa propia para recibirlas y prepararlas como obreras. Nos resolvimos afrontar esta obra difícil, que debìamos agregarla a nuestro Noviciado.  (Historia de la Congregación)

“La Providencia velaba sobre el dulce nido. Jamàs faltó el trabajo, a menudo había más de lo que se podía hacer. La fidelidad de las queridas hermanas, atraía siempre sobre ellas y sobre todas las religiosas, las miradas amorosas del Dueño del celeste palomar. Jesùs era nuestro único Amor”.

Esta es la forma más segura de atraer a nuestro noviciado las bendiciones del Cielo y de trabajar para el sólido crecimiento de nuestra familia religiosa. (M.H.P)

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