En el bicentenario de la Independencia del Perú

El 28 de julio de 1899: LLegada de las Dominicas de la Inmaculada Concepción al Perú

Siendo de vital importancia para la ciudad de Trujillo, Perú, la creación de un colegio de primera categoría, la Junta Departamental de La Libertad, precedida por Don José Antonio Delfín, gestionó el restablecimiento del «Colegio de Educandas», venido a menos o casi muerto, a consecuencia de la desastrosa Guerra del Pacífico; para ello, buscaron ponerlo bajo la dirección de una comunidad religiosa extranjera.

El 8 de julio de 1895, el Consejo Extraordinario de hermanas Dominicas de la Inmaculada Concepción del Ecuador, reunidas en pleno, deliberó sobre una fundación en el Perú solicitada por el Padre Alberto María Torres O.P. residente en el Perú. Estudiando las bases del contrato y el apoyo que ofrecían los dominicos, las Madres aceptaron por unanimidad. Es así que la Rvda. Madre Provincial, Sor María Dominga Fond, acompañada de su secretaria, la Rvda. Madre Luisa de Jesús Cordero, se pusieron en camino desde Cuenca.

El 28 de julio de 1899, entraban las Hermanas Dominicas de la Inmaculada Concepción, en la ciudad de Trujillo. La comunidad estaba integrada por tres hermanas francesas y cinco ecuatorianas.

Las hermanas llegaron para hacerse cargo del primer colegio de mujeres el: Colegio Santa Rosa de Trujillo,  el cual ha sido semillero fecundo de vocaciones entre las alumnas educadas por las Dominicas de la Inmaculada Concepción.

La primera comunidad en Perú.

La historia de las Hnas. Dominicas de la Inmaculada Concepción en el Perú, está muy ligada a los Frailes Dominicos, nuevamente ellos solicitan nuestra presencia en el Perú, para dirigir el colegio Educandas de Trujillo, abandonado a consecuencia de la desastrosa guerra del Pacífico.

Aquí donde fueron convocadas a anunciar el Reino, fueron perseguidas, calumniadas, sufriendo hambre, desamparo, soledad, pobreza tal  por promover el evangelio en la educación de las niñas. Gracias a Enriqueta Collot y la primera comunidad quienes con conciencia clara y serios procesos reflexivos comunitarios, supieron entrar en los caminos de Dios.

Con los oídos del corazón escucharon las necesidades del momento y abrieron una escuela gratuita para los pobres, la escuela dominical para las niñas y empleadas domésticas. Son bellas las palabras del discurso de fin de año de una estudiante sobre las hermanas: Las hermanas “Por el voto de pobreza en su trabajo y vestido no necesitan hacer fortuna, porque suyo es cuánto tienen sus hermanos del mundo entero, suyo cuánto tienen hoy y tendrán mañana, por ello no es oro, ni gloria que buscan, es corresponder al infinito amor de Jesucristo”.

Su testimonio fue la mejor recomendación para abrir lo más pronto un noviciado, años más tarde Enriqueta Collot encabezará la obra de niños ciegos en Lima.

Que estas religiosas entregadas a la misión en nuestra patria el Perú en los primeros años de su presencia en estas tierras, sean para todas las Dominicas y Dominicos de la Inmaculada Concepción en este bicentenario el impulso para seguir trabajando por la creación de un país más justo y solidario.

(Mensaje 25 de julio por los 100 años de la erección canónica de la Provincia Sta. Rosa. Hna Rosalina Paisig)

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