Como parte del patrimonio espiritual de la Congregación, los escritos de Madre Hedwige permiten descubrir la profunda devoción que profesó a nuestro Padre Santo Domingo de Guzmán y el constante empeño por transmitir a las hermanas el espíritu auténtico de la tradición dominicana.
Entre estos escritos destaca el Testamento de Santo Domingo, un texto elaborado por Madre Hedwige que recoge una serie de exhortaciones espirituales presentadas como el legado del santo fundador a sus hijas. A través de diecinueve enseñanzas, el testamento invita a vivir con fidelidad la vocación religiosa, cultivar la oración, la obediencia, la humildad, la caridad y el celo apostólico, así como a amar las Reglas y Constituciones y perseverar en la búsqueda de la santidad.
En la celebración de la solemnidad de Santo Domingo de Guzmán, este legado nos invita a redescubrir la riqueza de su espiritualidad y la actualidad de sus enseñanzas. Que la lectura y meditación del Testamento de Santo Domingo fortalezcan nuestra fidelidad al Evangelio, afiancen la vida fraterna y renueven el entusiasmo por la misión de la predicación con un corazón compasivo, siguiendo las huellas de Santo Domingo y el ejemplo de Madre Hedwige.
Les compartimos la traducción del manuscrito:
TESTAMENTO DE SANTO DOMINGO
En cada estampa escribir: Testamento de Santo Domingo y luego lo siguiente
1. Hija mía te dejo por testamento el amor a tu santo estado.
No hay nada comparable al de la vida religiosa, no hay nada más hermoso, más dulce, ni más consolador: cuando somos fieles a la observancia de nuestras reglas, tenemos la certeza de agradar a Dios en todas nuestras acciones. Mira que hermosa corona que estamos preparando.
2. Hija mía, al dejar la tierra, te dejo por testamento el deseo ardiente de tender constantemente a la perfección que tu estado te lo exige. A medida que hayas hecho tu trabajo en este mundo, así los encontrarás en el otro, del que ya no podrás retroceder para ordenarlos mejor.
3. Hija mía, te dejo por testamento mi vigilancia sobre todos mis sentidos: siempre los he usado de acuerdo con las reglas de la fe y de la razón. Si no mortificas el placer de escuchar, decir tocar lo que te agrada, tu mente y tu corazón serán estériles para Dios y estarán en continuo peligro de ofenderle.
4. Hija mía, te dejo mi fidelidad para poner en práctica mis buenos propósitos.
Uno no se convierte por los buenos deseos, sino por las buenas obras: desafía tu debilidad e implora el auxilio de Dios.
5. Hija mía, te dejo mi celo por la salvación de las almas, hazles conocer y amar a Jesús, y para ello tienes que ser un alma de oración y de sacrificio.
6. Hija mía, te dejo mi caridad hacia el prójimo. Olvídate de ti misma, para pensar solo en los demás y siempre dispuesta a sacrificar tus gustos para servir a tus hermanas.
7. Hija mía, te dejo por testamento mi alejamiento de los juicios temerarios.
Solo Dios conoce los corazones. Aprovecha lo que es bueno y cierra los ojos ante lo demás.
8. Hija mía, te dejo mi amor por la penitencia, es por ella que alcanzarás el despojo de ti misma que te hará vivir y actuar solo por Dios.
9. Hija mía, te dejo por testamento el respeto por la más pequeña observancia, nunca digas “es poca cosa”, la fidelidad más pequeña, si está inspirada por el amor, tiene gran precio a los ojos de Dios.
10. Hija mía, te dejo por testamento la meditación de estas palabras: “aprende a obedecer y a someterte”. Sigue el ejemplo de tu creador.
11. Hija mía, te dejo por testamento el respeto a tus superiores; nunca olvides que ellos ocupan el lugar de Dios y recuerda las palabras de Jesucristo: “quien te desprecia, a mí me desprecia.
12. Hija mía, te dejo por testamento el crecer siempre en fervor de espíritu para mantener la humildad, practicar la caridad y tener por tesoro la santa pobreza.
13. Hija mía, te establezco como una firme columna de observancia, no debes rechazar este noble destino con el pretexto de tu debilidad: piensa que Dios se sirve de los instrumentos más frágiles para realizar las obras más grandes. Pídele con una santa insistencia el espíritu de tu vocación y la gracia para cumplir fielmente todos tus deberes.
14. Hija mía, te dejo por testamento un gran amor por tus santas Reglas y Constituciones como un tesoro muy precioso. Su práctica rigurosa será como el buen olor de Jesucristo que se propagará por todas partes.
15. Hija mía, te dejo por testamento la santa ley del silencio. A través de él conservarás la caridad, el espíritu interior y la unión con Dios.
16. Hija mía, te dejo por testamento mi gran devoción hacia la Madre de Jesús. Imítala en sus virtudes.
17. Hija mía, te dejo el amor que tuve por todas las prácticas de la religión. Ellas están establecidas en las órdenes regulares solo para ayudarnos a combatir el amor propio mediante la humillación. Te por ellas una gran estima.
18. Hija mía, te dejo mi puntualidad en cumplir todos mis ejercicios, obedece las más mínimas señales como si fuesen la voz de Dios.
Prefiere siempre tu deber a tus devociones particulares. Lo que haces por elección propia no tiene mérito alguno ante Dios.
19. Hija mía, te dejo mi aversión a la singularidad, huye de ella como a una enemiga de la humildad y la caridad.








