FUNDACIÓN DE UNA COMUNIDAD D.I.C. EN FANJEAUX

En el Jubileo de los 800 años de la muerte de Santo Domingo en Bolonia que tuvo lugar el 6 de agosto de 1221

Estamos celebrando el jubileo del aniversario de la muerte de Santo Domingo y este mes de agosto es un mes especial para todo dominico y dominica.

Sentarse a la mesa con Domingo nos tiene que llevar a preguntarnos ¿qué significa para nosotros estar en la mesa con Santo Domingo aquí y ahora? ¿Cómo nos inspira y anima su vida y obra a compartir nuestra vida, nuestra fe, esperanza y amor para que otros también puedan ser alimentados en esta misma mesa? 

Con gran esfuerzo y abandono en la providencia el Señor nos permitió adquirir el convento dominico de Fanjeaux. “En ninguna parte se encuentran tan grandes recuerdos de nuestro bienaventurado Padre; él trabajó, en Fanjeaux más que en cualquier otro lugar” (Historia de la Cngregación pág. 189), es aquí donde se realizó el milagro de la prueba del fuego.

6 de agosto de 1894 como Congregación celebramos la fundación de una comunidad en el antiguo convento dominicano de Fanjeaux.

Como Dominicas de la Inmaculada Concepción hay acontecimientos que han marcado nuestra vida Congregacional, como este día 6 de agosto en que celebramos la fundación de una comunidad en el antiguo convento dominicano de Fanjeaux en el año 1894, sellando con más intensidad el carisma dominicano en la Congregación.

Fanjeaux - El milagro del fuego.

“En ninguna parte se encuentran tan grandes recuerdos de nuestro bienaventurado Padre; él trabajó en Fanjeaux más que en cualquier otro lugar. En esta montaña la Virgen del Rosario le hizo ver el lugar que ella había escogido para establecer a sus primeras hijas; en nuestro convento bendito tuvo lugar el milagro de la prueba de fuego” (Historia de la Congregación pág.189)

“¡Franjeaux!: relicario de los más bellos recuerdos en la vida de nuestro padre Santo Domingo de Guzmán. En el rincón austero del salón parroquial, palpita el alma de Domingo, los signos de su santidad: el horno minúsculo donde cocía el pan ácimo de sus interminables ayunos, en las noches de vigilia. Allí está la viga, hacia donde voló el libro de Domingo, el compendio de la Verdad divina, el libro incombustible, al que respetó el fuego, mientras que los escritos que contenían los argumentos de los herejes se redujeron a cenizas.

“El 6 de agosto, Madre Hedwige encabezó el viaje con el grupo de las hermanas que conformaban la comunidad de Franjeaux, en la que se abrió una escuela y un taller…

Repicaron las campanas del viejo convento. Y en la hondura del alma de Madre Hedwige y de las hermanas, que se habían preparado con un retiro para este emotivo acontecimiento, habrá resonado la voz patriarcal y profética del dulce Padre Domingo; esa voz que vibró tantas veces en sus largas predicaciones por la región de Prouille; esa voz que se volvió testamento inviolable para sus hijos e hijas: “Sed caritativas, sed humildes, sed pobres”. Vestimos el hábito blanco de Santo Domingo” (Historia de la Congregación pág. 191, 195)

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