La Santísima Virgen ha llamado a la Orden de Santo Domingo su Orden.
El Espíritu de Santo Domingo, es un espíritu de penitencia, pero una penitencia impuesta por el amor y ofrecida, no solo por uno mismo, sino también por los otros, como el Cordero divino se inmoló a sı ́mismo para la salvación del mundo.
El dominico debe aspirar a continuar la vida de los apóstoles, que no es más que la continuación de la vida de Nuestro Señor. El apostolado del dominico no consiste solamente en la predicación; sino consiste también en la penitencia y esto se demuestra por el hecho de que las dominicas que no predican, aunque sean llamadas predicadoras; no tienen otra voz que la de su sangre.
El mismo Santo Domingo da a sus hijos este ejemplo de vida penitente llevada al más alto grado: no tenía celda, sólo hacía un pequeño descanso en los peldaños del altar. El siempre caminaba descalzo por los caminos más pendientes y espinosos.
Sus hijas más queridas han imitado su ejemplo: Santa Catalina de Siena, Santa Rosa de Lima, Santa Inés de Montepulciano llevando una vida austera.
Y este espíritu de penitencia no le quita nada al exterior alegre y sencillo de los hijos de Santo Domingo. Es sobre todo la perfección de esta vida, inmolada a Dios a través de la penitencia y ayudando a los demás por la dulzura de las relaciones.
Madre Hedwige Portalet
Fundadora de la Congregación
Archivo de la Casa Madre en Toulouse – Francia
Publicado en Tierra Sagrada