Pibrac – Francia.
Una devoción de Madre Hedwige Portalet
Cada 15 de junio la Iglesia celebra a Santa Germana Cousin, una de las figuras más queridas de la espiritualidad francesa. Madre Hedwige Portalet, tuvo devoción especial a la humilde pastora de Pibrac desde los primeros años de la fundación de su familia religiosa.
Madre Françoise Lohier escribirá en el libro de los Orígenes que Madre Hedwige había prometido visitar cada año el santuario de Santa Germana, siempre que las circunstancias se lo permitieran. Cuando alguna dificultad retrasaba la peregrinación, repetía con convicción:
«Debemos ir a Santa Germana, pues de lo contrario nos hará pagar nuestra negligencia».
Esta expresión, pronunciada con afecto y confianza, manifestaba la certeza de que la santa acompañaba y protegía la obra naciente de la congregación.
La pequeña pastora de Pibrac
Germana Cousin nació en 1579 en la pequeña localidad de Pibrac, a pocos kilómetros de Toulouse. Desde su infancia conoció el sufrimiento. Huérfana de madre, afectada por una enfermedad que deformó una de sus manos y víctima de numerosos desprecios, fue confiada al cuidado de los rebaños.
Vivía en extrema pobreza. Pasaba largas horas sola en los campos, dedicando gran parte de su tiempo a la oración. La tradición relata que nunca descuidaba la asistencia a la Misa y que repartía entre los pobres parte del escaso alimento que recibía.
Tras su muerte, ocurrida en 1601 cuando apenas tenía veintidós años, comenzó a difundirse rápidamente su fama de santidad. Numerosos peregrinos acudieron a su tumba y se atribuyeron a su intercesión diversas gracias y curaciones. Su culto fue creciendo hasta que fue canonizada por el Papa Pío IX en 1867, año en que Madre Hedwige vivía en Toulouse.
De Toulouse a Pibrac: una peregrinación anual
Entre 1866 y 1894, viajar desde Toulouse hasta Pibrac era mucho más sencillo que en siglos anteriores gracias al desarrollo del ferrocarril en el sudoeste de Francia. La distancia entre ambas localidades es de apenas quince kilómetros, pero en aquella época el desplazamiento seguía teniendo un auténtico carácter de peregrinación.
Para Madre Hedwige Portalet, sin embargo, la importancia de la peregrinación no residía en la distancia recorrida sino en el encuentro espiritual que allí tenía lugar.
Madre Françoise, describe con emoción aquellas visitas. Una vez llegada al santuario, Madre Hedwige permanecía largo tiempo en oración.
«No acababa de rezarle, de hacerle sus recomendaciones; tenía tantas cosas para decirle, tantas gracias para pedirle y tanta ambición para sus queridas hijas». Historia de los orígenes, inicios y progreso de la Congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción de Toulouse. P. 212.
La última peregrinación
La fidelidad de Madre Hedwige a su promesa se mantuvo hasta el final de su vida. Madre Françoise, señala que realizó este piadoso viaje por última vez apenas un mes antes de su muerte.
La relación espiritual entre Santa Germana y Madre Hedwige Portalet constituye un hermoso ejemplo de la comunión. Una humilde pastora del siglo XVII y una fundadora religiosa del siglo XIX quedaron unidas por una misma confianza en Dios.
Al celebrar la fiesta de Santa Germana cada 15 de junio, recordamos no sólo la santidad de la joven de Pibrac, sino también la fidelidad de quienes, como Madre Hedwige, encontraron en ella una compañera de camino.
Su peregrinación anual nos enseña que la santidad crece en la perseverancia cotidiana, en las promesas cumplidas y en la confianza sencilla de quien nunca deja de presentar ante Dios las necesidades de aquellos a quienes ama.
15 de junio de 2026
en el año del bicentenario del nacimiento de Madre Hedwige Portalet.







